Es un sábado por la
tarde y no tengo mucho que hacer. Podría pasar horas frente al monitor de la
computadora: viendo películas, buscando imágenes inspiradoras, chateando con
personas que no me interesan en lo más mínimo, actualizando mis cuentas,
descargando libros, escuchando música, jugando juegos en línea. Es toda la
diversión que conozco. Unas cuantas sodas y una bolsa de frituras harían mi fin
de semana perfecto. 27 de noviembre de 2013
Proyecto de noviembre: Yo
Es un sábado por la
tarde y no tengo mucho que hacer. Podría pasar horas frente al monitor de la
computadora: viendo películas, buscando imágenes inspiradoras, chateando con
personas que no me interesan en lo más mínimo, actualizando mis cuentas,
descargando libros, escuchando música, jugando juegos en línea. Es toda la
diversión que conozco. Unas cuantas sodas y una bolsa de frituras harían mi fin
de semana perfecto. 25 de mayo de 2013
Proyecto de mayo: una canción
La canción que utilice de inspiración es la siguiente: http://www.youtube.com/watch?v=CtkQ4MjoEeM
Él se paró de pronto y le robó un beso. Verónica quiso alejarse de aquello, huir. Era demasiado tarde, estaba siendo atrapada nuevamente y eso no estaba bien.
29 de enero de 2013
Proyecto de Enero: El Fin del Mundo Frustrado
Son las seis de la mañana. El frío se cuela por las sábanas y le congela los pies. Él se levanta adormilado, se rasca el brazo izquierdo y observa el reloj en la mesita de noche. Acto seguido, vuelve a esconderse entre las sábanas, mientras jura que solo serán cinco minutos más. Entonces cae en la cuenta, que no hay nadie allí que escuche sus falsas promesas. Nadie que le cuente los minutos. Nadie que le llame "perezoso". Nadie.
El sueño se evapora. Le duele el pecho. Lo mejor es salir de aquella cama que es demasiado grande para una sola persona.
Con un perezoso caminar se dirige al baño, se cepilla los dientes, cuenta sus arrugas, aún no son muchas. Está comenzando a quedar calvo.
Se quita la ropa. Un temor le atormenta. Está expuesto al mundo. Se mete a la ducha y gira el grifo. Un chorro helado cae sobre él, congelando sus huesos. Comienza a temblar y a lanzar maldiciones que nadie escucha ni celebra.
El agua cae con mayor presión, el frío comienza a desaparecer o tal vez su cuerpo se ha acostumbrado. Una frescura se apodera de él. No es frío ni calor. es la perfección: calidez.
Las puertas corredizas de cristal, que rodean la ducha comienzan a nublarse. Su triste silueta en el espejo de baño desaparece y es reemplazada por una nube de vapor. Calor.
Observa el cristal. Casi puede jurar ver un corazón dibujado. Es la magia del vapor. Y junto al corazón distingue aquellas iniciales. Una cara feliz dibujada con torpeza. una frase sin terminar de escribir: “por siempre..."
El agua cae demasiado caliente. Quema su piel. Insoportable dolor. La visión se condensa junto al vapor. Ahora forma parte del universo.
Un universo que no deja de expandirse. Planetas que no dejan de girar. estrellas, constelaciones. Vidas. Muertes. Todo sigue un curso incierto. Nada importa tanto.
Vuelve a girar el grifo, unas pocas gotas frías caen sin que nadie les preste atención. Él se enjabona. ¿Qué día es ahora? Ya ha empezado un nuevo año, con propósitos que luego pasarán al olvido. Ha pasado casi un mes desde aquello, a nadie le interesa ya. Ahora esa es la nueva rutina.
Él había olvidado lo difícil que es ducharse solo. Sin nadie que te abrace cuando el agua cae con frialdad, ni que te distraiga con besos y mimos cuando el vapor quema la piel. Nadie que no pare de hablar sobre lo que hará ese día. Nadie que desenrede los cabellos mojados, ni con quien reírse al pasar el jabón.
Con desgano termina de bañarse. Sale lo más rápido posible a cambiarse de ropa a su habitación, cuando se está solo es mejor tener un poco de prisa.
Se asoma por la pequeña ventana que da al jardín. El cielo esta despejado, es un inmenso azul. El sol se encuentra radiante, las flores se han puesto preciosas y se hallan en su máximo esplendor. Incluso el césped parece tener un tono verde mucho más vivaz. Escucha voces de pequeños jugando con alegría, adultos intercambiando frases educadas. El mundo parece tan hermoso y Mónica no está aquí para verlo.
El veintiuno de diciembre del año dos mil doce. Todos hablaban de esa fecha. Del fin del mundo. Mónica y él lo tomaban con gran escepticismo. Pero existían noches en las que por alguna razón, él sentía miedo y tomaba con fuerza la mano de Mónica, preguntándose si realmente llegaría a suceder. Cuando se hablaba de esa fecha, se pensaba en tantas catástrofes. La verdad, él sólo podía imaginar que de pronto abriría los ojos y todos sería blanco, ya no estaría ni sentiría. Sería tan rápido que nadie notaría que efectivamente se acabó. Entonces todo se volvería negro, saldrían esas pequeñísimas letras como cuando en las películas se agradece a todos los que trabajaron, nadie se molestaría en leerlas. ¡Listo! El universo estaría preparando su próxima película. No ocurrió nada. Muchas personas se quejaron, aunque nadie en realidad habría deseado que aquella locura fuera cierto. La mayoría rieron, otros se sintieron estafados. A muchos se les frustró su tan ansiado fin del mundo.
Fue una pena. Es cierto que le temía un poco, pero al final no era tan malo. Es decir, los humanos llevan años destruyendo el planeta, un poco de karma no estaría mal. Todos se lo tenían bien merecido. A parte, que tarde o temprano todos tendrían que morir. Y esa fecha no sonaba nada mal. Quizá aquello era lo ideal.
Igual, no paso de esa forma. Aquella tarde, aburrido en su oficina al ver como todo seguía en pie y en completa calma, decidió llamar a Mónica para reír un rato con ella. Nunca contestó la llamada. Fue hasta casi en la noche, cuando llegó a la casa que se enteró del accidente.
El mundo no se había acabado, pero Mónica ya no estaba allí para vivirlo.
Estaba comenzando un nuevo año: el reloj seguía contando los minutos, las horas pasaban, los niños crecían; las clases comenzaban, el trabajo seguía siendo cansado, los ancianos seguían yendo al parque a ver palomas que volaban hacia un cielo que parecía demasiado azul para ser real. El sol alumbraba con descaro. Él debía seguir adelante y ser fuerte. Soportar los días sin Mónica. Vivir en ese mundo que no aparentaba tener un fin cercano. Conocer personas, trabajar, ir de vacaciones en verano. Sonreír, bailar, olvidar y respirar. Mientras que para Mónica el mundo había terminado.
29 de noviembre de 2012
Proyecto de Noviembre: Las palabras prohibidas
Una tarde en el parque
Una tarde en el parque
26 de septiembre de 2012
Proyecto de Septiembre 2012: El mes del asco
28 de mayo de 2012
Proyecto de mayo 2012: La doble imagen
Bueno, a mi me pareció muy interesante este proyecto; amé la imagen que me tocó, es realmente hermosa y espero les guste mi relato. Y también estoy ansiosa por leer el relato de mi compañera :)
¡Que lo disfruten!
13 de abril de 2012
Proyecto de abril 2012: El Titanic

Hola!!! ¿Que tal adictos? Por un momento pensé que no participaría pero logre inspirarme un poco y nació esto :) espero que los disfruten y dejen sus opiniones al respecto. Mil besos.
Mi vida bajo el agua
¿Cuánto tiempo llevaba en aquel horrible y solitario lugar? No tenia idea, pero desde hace tanto que el reloj había dejado de marcar la hora y había terminado pudriéndose por completo. Todo su alrededor no era más que madera pudriéndose; se encontraba en una habitación, que parecía haber sido de lujo hace ya tanto tiempo, ahora no era más que deterioro y muerte… podía sentir el olor a muerte inundarle la nariz.
La puerta de la habitación se hallaba a medio abrir pero le aterraba la idea de salir, solamente podía distinguir más oscuridad afuera de ella. No sabia como había llegado ahí, era como si todo en su cabeza hubiera desaparecido. Siempre esperaba que llegasen a salvarlo, pero parecía estar demasiado perdido como para ser encontrado.
Peter suspiró, sólo podía dejarse llevar por la oscuridad, era como estar en el fondo de un océano, simplemente flotando en lo más profundo, pero aún si parecía encontrarse bajo el agua, no la sentía. Peter hace mucho que no respiraba, todas sus necesidades básicas de humano habían desaparecido, no se sentía ni un poco empapado de toda aquella agua… no tenia ni la menor idea de que le ocurría.
—Tranquilo, no es nada grave —dijo una suave voz que desconcertó a Peter. Todo el tiempo que llevaba perdido en aquel lugar jamás había escuchado ni visto a nadie más.
Peter quiso buscar al dueño de aquella misteriosa voz, podría ser su única salvación. Salió de la habitación y se halló en un gigantesco y oscuro pasillo que olía a muerte.
—Por aquí —dijo la extraña voz de nuevo. Peter la siguió por todo el pasillo y la voz le condujo a algo sorprendente.
Se hallaba en la proa de un gigantesco barco, pero las cosas no eran tan simples; el barco se encontraba completamente hundido en lo más profundo del océano y parecía haberse partido en dos secciones. Peter observó la proa completamente hundida en el fango, miles de algas le cubrían. Parecía llevar mucho tiempo ahí.
—Cien años exactamente —respondió la misteriosa voz leyéndole la mente. Esta vez Peter logro ver quien era la extraña persona que le hablaba, una mujer de ojos grises.
—¿Quién eres tu? ¿Sabes que me ocurre? ¿Qué es todo esto? —Peter quería echarse a llorar pero algo le detenía, era un recuerdo: su padre diciéndole que los chicos no debían llorar y menos a su edad. Su edad… por supuesto, él tenía dieciséis años.
—Cálmate, es normal que tengas muchas dudas ahora. Intenta hacer memoria, ¿Qué hacías antes de hallarte bajo el agua?
—¿Todo esto es real? Es imposible, debe ser una pesadilla. No se puede vivir bajo el agua.
—Ese es el punto. —La mujer de ojos grises sonrió macabramente. Peter se mordió con fuerza su labio inferior, no quería entender lo que esa extraña mujer decía.
—Debo de regresar a mi habitación, es peligroso estar aquí.
—¿Quieres respuestas? Yo puedo dártelas todas, pero si tu no quieres entender no servirá de nada.
El chico cerró los ojos y decidió intentar recordar. Su reflejo era imperceptible en aquella oscuridad, por lo que hace tanto había olvidado, incluso, como él lucia. Sus cabellos eran negros ¿cierto? Y sus ojos eran… ¿de que color eran sus ojos? Por supuesto, azules. Era bastante bajo para su edad y su madre siempre decía que crecería cuando fuera mayor; su piel era tan blanca como la de ella y tenia su sonrisa. cuatro de marzo de 1896… Por supuesto, su cumpleaños era el cuatro de marzo y cuando cumplió dieciséis años Mary Alice le había dado su primer beso. Pero había otra fecha importante en su mente… ¿1912?
—No te esfuerces tanto mi pequeño —dijo la mujer de ojos grises con una pequeña y curiosa risilla—. Al menos ya recuerdas quien eres, ¿cierto?
—Mi nombre es Peter Cleaver y mis padres eran Alice y Thomas Cleaver. Vivíamos en Londres y mi padre tenía mucho dinero y... por supuesto ahora lo recuerdo.
—¿Ah, si? ¿Qué recuerdas mi pequeño?
—íbamos a viajar, nuestro destino era Montreal, Canadá; aunque la mayoría de pasajeros se dirigía a Nueva York, en los Estados Unidos.
—¿Y que tal fue el viaje?
—Muy bien, el lugar era hermoso e increíble. La pase bastante bien, hice amigos e incluso bailé una noche con mamá. Era un lugar divertido.
—¿No recuerdas algo más?
—¿A que te refieres?
—El viaje era en un hermoso y espectacular barco, ¿verdad?
—Si, le llamaban el Titanic, era inmenso. Todos decían que ese transatlántico era insumergible, tenia tantos deseos de verlo con mis propios ojos.
—¿Llegaste a tu destino? ¿Recuerdas algo luego de aquel viaje?
—Ahora que lo dices no… apenas puedo recordar. Es tan extraño, de repente aparecí aquí… en el fondo del océano en los restos de este barco —. La mujer de ojos grises volvió a sonreír, esa no era una buena señal.
—Hace tanto que te buscaba Peter, pero ya sabes este barco es gigantesco. Fue todo un trabajo para mí, rescatar a todos los que se quedaron atrapados en estas profundidades. Hay muchos más igual que tu, pero es normal que nunca los hallas visto, la mayoría sólo son conscientes de su propia existencia.
—No puede ser verdad. ¿Dónde están mis padres? Debo salir de aquí.
—No estoy segura de cual fue la suerte de tus padres… de cualquier manera, todo aquello aconteció hace cien años, ¿no me crees? Mi pequeño, el tiempo pasa volando cuando estas muerto.
—¡No es verdad! ¡Aléjate de mí! No dejare que me lastimes. —Peter corrió incansablemente por todos los restos de aquel inmenso trasatlántico, que alguna vez había sido llamado “insumergible”.
—Siempre es así de complicado con los mocosos y sus muertes repentinas —dijo suspirando la mujer de ojos grises. Le esperaba un duro trabajo con aquella alma escurridiza pero estaba segura que con sólo cargarla unos segundos entre sus brazos se tranquilizaría. Siempre era así, siempre comenzaban negándose ante ella para luego encontrar infinita paz entre sus tibios brazos.



