27 de noviembre de 2013

Proyecto de noviembre: Yo

Luego de un cierto largo tiempo vuelvo a publicar por acá. Me emocionó mucho poder tener un poco de tiempo para escribir de nuevo. A partir de este ejercicio me surgió un relato un tanto extraño, a mi parecer. La historia es una serie de constantes divagaciones por parte de un muchacho. Se me hizo un poco largo, creo que se debe a los deseos que tenía de escribir, me disculpo por ello. Realmente extrañaba hacerlo. Sin más, aquí les dejo este relato de un protagonista cuyo nombre nunca se menciona, puede ser cualquier de esos chicos que se ven en la calle caminando con la mirada perdida.

Sábado 

Es un sábado por la tarde y no tengo mucho que hacer. Podría pasar horas frente al monitor de la computadora: viendo películas, buscando imágenes inspiradoras, chateando con personas que no me interesan en lo más mínimo, actualizando mis cuentas, descargando libros, escuchando música, jugando juegos en línea. Es toda la diversión que conozco. Unas cuantas sodas y una bolsa de frituras harían mi fin de semana perfecto.
Pero decidí salir a caminar solo hacía ninguna parte. Caminar un rato por el parque, el cual está casi vacío. No hay niños jugando, no hay amantes besándose. Tal vez el frío los ahuyentó a todos. Ya casi se acaba el año, se puede sentir en el aire, en la brisa que arrastra las hojas. Es como si quisiera decirnos que pronto nos arrastrara hacia otro año que puede resultar distinto o idéntico a este. No sé que da más miedo, que pueda ser un año mucho peor y catastrófico o que no suceda nada diferente. No sé si es peor el dolor o la nada.

Me encuentro con la primera adolescente que he visto en todo el parque. Es una chica de catorce años, ¿tal vez?, cuyo rostro se encuentra cubierto de pecas y posee un cabello castaño muy desastroso. Se mira triste y enfadada, quizá tuvo una pelea con su madre. A medida que creces dejas de llorar por lo que dicen tus padres, sus palabras hirientes se convierten en un eco, aún las escuchas y te lastiman, pero ya las conoces tan bien que el dolor se vuelve inconsciente. Me gustaría vivir en una sociedad en la que pudiese ir directo hacia esa chica, abrazarla y decirle que con el tiempo todo será mejor. Pero en esta sociedad me creerían alguna clase de violador pederasta y tampoco es como si pudiese mentirle descaradamente. Las cosas en este mundo no van para mejor, ni un poco.
Ella se sienta en una banca vacía. Comienza a llorar y marca un número en su celular. Nadie contesta su llamada y yo sigo mi camino, consciente que nunca volveré a verla ni conoceré su historia. Entonces me la imagino en un futuro como una ejecutiva incapaz de mantener relaciones sanas con las demás personas y que por las noches llora hasta quedarse dormida. Sola, completamente sola. Siempre imagino futuros tristes para desconocidos, quizá es porque quiero pensar que no soy el único que sufre o sufrirá.
No soporto más el frío y decido pasar por algún café, a esta hora tal vez me encuentre un lugar tranquilo en el que estar. Estoy triste, aunque no quiera pensar en eso, no logró evitar sentirme así sobre cada cosa en el universo. Puede que el calor de una cafetería me quite un poco de mi tristeza o puede que el vapor empeoré todo.

Cuando caminas por las confusas avenidas, atravesando calles, evitando autos y personas. Nadando contra la corriente. Es el momento en el que extrañas el solitario parque donde ya nadie va a pasear porque tenemos mejores cosas que hacer como perdernos en la gran ciudad.
A veces creo que debo tener la mentalidad de un adolescente, siempre les miro por las calles y me siento como uno de ellos, mientras camino. Son a quienes más quisiera prevenir. Quisiera decirles, carajo, deja de crecer, idiota. ¿No ves qué estas perfecto así? ¿Por qué quieres ser un adulto tan rápido? No hay nada bueno aquí. Luego querrás detener el tiempo.
Quiero detener el tiempo. Al final entro en una vieja cafetería que hace mucho no visitaba. La campanilla suena cuando abro la puerta y recuerdo todas las veces que sonó de la misma manera cuando la abría junto a Jacqueline.
Porque las campanillas en las puertas de las cafeterías nunca paran de sonar, a pesar de que no haya una Jacqueline para que las oiga. Soy un tonto por pensar en venir aquí, donde sólo puedo recordar cosas bonitas, sería más fácil si los recuerdos fueran feos. Me sentiría agradecido, pero al final ella tenía razón. Que me iba arrepentir de perderla, que me iba a doler vivir sin ella.
Aunque no la perdí, es decir, ¿cómo diablos se pierde a alguien? No es como si la subí en mi coche a base de mentiras, conduje hasta el bosque y la deje abandonada en medio de la nada para que muriese de hambre y sed. Nadie la secuestró, nadie la asesinó. Ella sigue viviendo en el mismo apartamento desordenado de siempre. Sigue trabajando en la misma librería, sigue usando la misma falda floreada que tanto le gusta, continua riéndose al ver las caricaturas por las noches y sigue pintando retratos de extraños en sus fines de semanas libres. Así que no se perdió, yo no la perdí. Las personas no se pierden así.
Las personas eligen irse y continuar sus vidas sin ti. Eso es todo.

Y no me puede doler eso, porque ya vivía mi vida sin ella antes de conocerla. Pude sobrevivir todos esos tantos años de infancia y juventud sin estar a su lado, por lo que puedo continuar viviendo lo que me queda sin necesitarla o sin que me duela. Pero a Jacquie siempre le gustaron las metáforas y los nudos narrativos. O tal vez era yo, quien siempre hablo demasiado y buscó hundirnos en un drama. Es tan raro ya no poder hablar de “nosotros” porque ya no existe un “nosotros”. Ya no hay nada, puedo saberlo todo sobre Jacquie, pero ella ya no es real en mi vida. Es una desconocida, sin embargo se incluso cuáles son sus calcetines favoritos y como luce cuando se despierta todas las mañanas.
Y en todo lo que divago en mi mente, me encuentro sentado en una mesa para dos, junto a la vitrina. El café se enfrió y no tengo con quien conversar un rato. Elijo ya no recordar a Jacquie porque ya no es real, he clausurado sus recuerdos de mi mente. Las heridas se cosen con las agujas del reloj, pero las personas olvidan que siempre quedan cicatrices. Horribles cicatrices que, aunque ya no duelan, no puedes olvidar como te las hiciste.

Miro el reloj de pulsera en mi muñeca. Gloria me espera en casa, debe estar molesta. Me la imagino conversando con el retrato de Ricardo, comentándole sobre el terrible hijo que tuvieron. Que soy un bueno para nada, que todo es culpa de él por haberme consentido demasiado. Estoy listo para marcharme, el café estaba demasiado helado y amargo, pero me lo he tragado sin parpadear. Dejo la propina en mi mesa para la mesera que no se lo merece porque, ni siquiera, me ha sonreído al atenderme, pero pienso en lo horrible que debe ser sonreír a toda clase de idiotas que entran por un café y siento lástima por ella.
Me voy hacía mi medio vacía o medio llena vida de nuevo, no sin antes observar la camiseta de un muchacho que toma un café helado, a pesar del frío, y lee algo aparentemente interesante en su kindle.
 Never let them break your heart. Nunca dejes que te rompan el corazón, pero sí que es fácil poner eso escrito en blanco sobre una tela oscura. Sí que es genial. Pero, ¿cómo evitarlo? Si ya sé que un corazón no se puede romper; tal vez extirpar, lo que causaría la muerte instantánea de la persona, y de seguro te llevan a la cárcel por ello. Si ya sé que es una puta expresión de las que tanto le encantan a Jacquie... ¿O le encantaban?
 Si ya sé que igual me dan ganas de llorar al pensar en todos los supuestos seres humanos que me han roto la vida desde que tengo conciencia. Y nunca he aprendido la lección. Siempre les he dejado hacer lo que quieran. Porque entre sentir dolor y no sentir nada. Prefiero el dolor que me recuerda que sigo con vida y algo puede cambiar. Siempre habrá algún momento que me hará feliz, a pesar de todo el infierno que pueda vivir. Lo hago por la felicidad que resulta en un día, en una tarde, en una hora, en un minuto o en un segundo bien invertido. 

25 de mayo de 2013

Proyecto de mayo: una canción

Hace mucho que no participaba en un proyecto, me hacía una gran falta. Así que decidí animarme y hacer algo de tiempo para escribir este relato, espero sea de su agrado, todas las críticas y opiniones son bien recibidas.
La canción que utilice de inspiración es la siguiente: http://www.youtube.com/watch?v=CtkQ4MjoEeM


Por si no te vuelvo a ver

Verónica llevaba una tranquila existencia. Estudiaba física en la universidad y trabajaba en el café de la familia los fines de semana. Se juntaba con poca gente, ya que se aburría fácilmente de las monótonas conversaciones y la mayoría del tiempo se la pasaba teorizando sobre el universo.

No creía propiamente en algo llamado amor ni en esas cosas que las películas y novelas románticas decían. Tenía veinte años, aunque se pensase que era menor por su baja estatura y cara redonda. Resultaba linda porque si y tenía una bonita sonrisa.

Aquel sábado servía un café descafeinado a una señora que obviamente le hacía falta un poco de azúcar en su vida. De pronto, su tranquilidad se vio completamente perturbada por la perversa sonrisa y la mano que despeinó sus castaños cabellos con recelo. El idiota de Héctor, atacaba nuevamente. ¿Hace cuanto había sido la última vez? Lo había olvidado.

—¡Vamos! Pon una cara más adorable que esa —dijo Héctor enérgicamente.
—Lárgate. Estoy trabajando, además no tengo tiempo para estar de juegos —respondió Verónica sin inmutarse, mientras se dirigía tras el mostrador. 
—¿Quién dijo que estoy de juegos? Solo vine a tomar un café.
—Muy bien. ¿Algo más?
—Oh sí, quiero una…
—una tartaleta de fresa.
—Exacto y el café…
—Lo quieres cargado sin azúcar y un poco de sal.
—Perfecto. Por eso te quiero, siempre sabes lo que quiero.
—Lo que dijiste no suena bien.
—¿Ah, sí? ¿Por qué?
—Me quieres porque se lo que quieres… sólo… no me parece bien.
—¿Y qué tal te va? —preguntó Héctor con deseos de alejarse de aquel iceberg.
—Como siempre.
—¿Qué es siempre?
—Ya sabes. Estudio, trabajo, estupideces y muchas más cosas patéticas de ese estilo.
—Así que sigues viendo la vida de esa tu forma absurda.
—¿Absurda? Por favor, el único absurdo aquí eres tú. ¿Qué diablos quieres?
—Mi café.
—Muy bien, señor. Aquí está su café, que lo disfrute.
—No recuerdo que fueras así de seria conmigo antes… nuestra relación era muy intima, según recuerdo.
—Pues recuerdas mal. Nunca tuvimos ninguna relación de ningún tipo. Aquí tienes tu tartaleta, come y lárgate.
—Que buen servicio.
—Oye, mira, lo siento. Es solo que no esperaba verte y me pones de los nervios.
—Comprendo. Es que últimamente estaba pensando mucho en ti y en lo bien que la pasamos juntos.
—Ya veo.
—Hace un buen tiempo que no sabía nada de ti, quería saber que tal estabas.
—Todo sigue igual. Que te hayas ido no cambió nada.
—Sabes, comencé a recordar la primera vez que nos vimos. Hace casi nueve años.
—Lo recuerdo, éramos unos niñitos muy raros y feos —expresó Verónica mirándolo por primera vez a los ojos. Ambos se sonrieron por unos breves segundos, interrumpidos por un muchacho solicitándole a ella, un latte macchiato.

Los recuerdos emergieron entre el vapor del café. La primera vez que se vieron tenían once años aproximadamente. Verónica lloraba, refugiada detrás de un ciprés en el viejo parque, de pronto sus llantos se mezclaron con unos sollozos ajenos, fue cuando sus miradas cristalinas coincidieron. En ese momento el grupo de niños grandes le había dado una paliza a Héctor, que quería tragarse las lágrimas, pero solo conseguía hacerlas aflorar mucho más. A ella le habían enseñado buenos modales, así que se acercó, le dio la mano temblando y dijo su nombre. Sonrieron y no se preguntaron porque lloraban, olvidaron los problemas, jugaron juntos sin más. Ese fue el error fatal, crecieron juntos y se acostumbraron a no hacer preguntas, solo jugar.

—Siempre pensé que fue cosa del destino. Que siempre hemos conseguido estar en el lugar indicado y las cosas suceden porque así deben de ser. Si me fui, es porque no tenía otra opción, pero nos hemos vuelto a encontrar.
—Prefiero pensar en que todo fue simple casualidad, créeme eso hace todo más fácil. Las cosas suceden porque nosotros queremos que sucedan. Y tenías opción ¿sabes? Podías haberme elegido a mí.
—Yo no…
—Tú decidiste irte y ahora has decidido venir a jugar otra vez. No trates de negarlo, realmente no importa.
—No te puedo engañar ¿cierto?  
—Ni un poco.

Verónica continuó atendiendo a los clientes, mientras Héctor jugueteaba con el tenedor. La verdad era que se sentía feliz con verlo de nuevo, pero le costaba un poco de trabajo admitirlo.
Pasaron las horas y estaba a punto de cerrar. Héctor continuaba sentado pacientemente, sin inmutarse. Verónica lo observó y sus miradas coincidieron por un instante fugaz.

—¿A qué le temes tanto? —preguntó el muchacho con una vaga sonrisa.
—¿En serio quieres saberlo?
—Por supuesto.
—Tengo miedo a seguir sintiendo lo mismo por ti. A querer intentarlo todo de nuevo y que te vayas como siempre.
—Nunca aprendemos la lección ¿cierto?
—Héctor, no quiero pasar por lo mismo otra vez.

Él se paró de pronto y le robó un beso. Verónica quiso alejarse de aquello, huir. Era demasiado tarde, estaba siendo atrapada nuevamente y eso no estaba bien.
¿Qué podía hacer? nadie le había enseñado que hacer en tal situación. Lo que acontecía no tenía nombre ni descripción. Era un abismo. Una farsa, pero no podía negarlo, lo deseaba tanto. Bastaba un beso para recordarlo todo y anhelarlo.

No pudo evitarlo, se dejaron llevar y arrastrar por aquella inexplicable emoción. No estaba bien, nada bien. Él podría irse en cualquier momento, pero ella estaría lista esta vez. Sin duda alguna, llevaría siempre puesto el abrigo, ya que cabía la posibilidad, que no le volviera a ver. Un riesgo más a tomar en un tranquilo día.

29 de enero de 2013

Proyecto de Enero: El Fin del Mundo Frustrado


El primer proyecto de este año consistía en una historia con el tema del fin del mundo frustrado. Me pareció bastante interesante y quise desarrollar esta idea, espero haberla planteado bien. Sobre cuando alguien muere y el mundo sigue girando, nos llegamos a preguntar si en realidad la vida importa tanto como dicen. Después de todo nada se detiene cuando una persona fallece, solo el mundo de ellos y el de familiares o amigos que sufren la perdida. Espero que lo disfruten y cualquier observación pueden hacérmela. Gracias.

Un día sin Mónica

Son las seis de la mañana. El frío se cuela por las sábanas y le congela los pies. Él se levanta adormilado, se rasca el brazo izquierdo y observa el reloj en la mesita de noche. Acto seguido, vuelve a esconderse entre las sábanas, mientras jura que solo serán cinco minutos más. Entonces cae en la cuenta, que no hay nadie allí que escuche sus falsas promesas. Nadie que le cuente los minutos. Nadie que le llame "perezoso". Nadie.
El sueño se evapora. Le duele el pecho. Lo mejor es salir de aquella cama que es demasiado grande para una sola persona.
Con un perezoso caminar se dirige al baño, se cepilla los dientes, cuenta sus arrugas, aún no son muchas. Está comenzando a quedar calvo.
Se quita la ropa. Un temor le atormenta. Está expuesto al mundo. Se mete a la ducha y gira el grifo. Un chorro helado cae sobre él, congelando sus huesos. Comienza a temblar y a lanzar maldiciones que nadie escucha ni celebra.
El agua cae con mayor presión, el frío comienza a desaparecer o tal vez su cuerpo se ha acostumbrado. Una frescura se apodera de él. No es frío ni calor. es la perfección: calidez.
Las puertas corredizas de cristal, que rodean la ducha comienzan a nublarse. Su triste silueta en el espejo de baño desaparece y es reemplazada por una nube de vapor. Calor.
Observa el cristal. Casi puede jurar ver un corazón dibujado. Es la magia del vapor. Y junto al corazón distingue aquellas iniciales. Una cara feliz dibujada con torpeza. una frase sin terminar de escribir: “por siempre..."
El agua cae demasiado caliente. Quema su piel. Insoportable dolor. La visión se condensa junto al vapor. Ahora forma parte del universo.
Un universo que no deja de expandirse. Planetas que no dejan de girar. estrellas, constelaciones. Vidas. Muertes. Todo sigue un curso incierto. Nada importa tanto.
Vuelve a girar el grifo, unas pocas gotas frías caen sin que nadie les preste atención. Él se enjabona. ¿Qué día es ahora? Ya ha empezado un nuevo año, con propósitos que luego pasarán al olvido. Ha pasado casi un mes desde aquello, a nadie le interesa ya. Ahora esa es la nueva rutina.
Él había olvidado lo difícil que es ducharse solo. Sin nadie que te abrace cuando el agua cae con frialdad, ni que te distraiga con besos y mimos cuando el vapor quema la piel. Nadie que no pare de hablar sobre lo que hará ese día. Nadie que desenrede los cabellos mojados, ni con quien reírse al pasar el jabón.
Con desgano termina de bañarse. Sale lo más rápido posible a cambiarse de ropa a su habitación, cuando se está solo es mejor tener un poco de prisa.
Se asoma por la pequeña ventana que da al jardín. El cielo esta despejado, es un inmenso azul. El sol se encuentra radiante, las flores se han puesto preciosas y se hallan en su máximo esplendor. Incluso el césped parece tener un tono verde mucho más vivaz. Escucha voces de pequeños jugando con alegría, adultos intercambiando frases educadas. El mundo parece tan hermoso y Mónica no está aquí para verlo.
El veintiuno de diciembre del año dos mil doce. Todos hablaban de esa fecha. Del fin del mundo. Mónica y él lo tomaban con gran escepticismo. Pero existían noches en las que por alguna razón, él sentía miedo y tomaba con fuerza la mano de Mónica, preguntándose si realmente llegaría a suceder. Cuando se hablaba de esa fecha, se pensaba en tantas catástrofes. La verdad, él sólo podía imaginar que de pronto abriría los ojos y todos sería blanco, ya no estaría ni sentiría. Sería tan rápido que nadie notaría que efectivamente se acabó. Entonces todo se volvería negro, saldrían esas pequeñísimas letras como cuando en las películas se agradece a todos los que trabajaron, nadie se molestaría en leerlas.  ¡Listo! El universo estaría preparando su próxima película.  No ocurrió nada. Muchas personas se quejaron, aunque nadie en realidad habría deseado que aquella locura fuera cierto. La mayoría rieron, otros se sintieron estafados. A muchos se les frustró su tan ansiado fin del mundo.
Fue una pena. Es cierto que le temía un poco, pero al final no era tan malo. Es decir, los humanos llevan años destruyendo el planeta, un poco de karma no estaría mal. Todos se lo tenían bien merecido. A parte, que tarde o temprano todos tendrían que morir. Y esa fecha no sonaba nada mal. Quizá aquello era lo ideal.
Igual, no paso de esa forma. Aquella tarde, aburrido en su oficina al ver como todo seguía en pie y en completa calma, decidió llamar a Mónica para reír un rato con ella. Nunca contestó la llamada. Fue hasta casi en la noche, cuando llegó a la casa que se enteró del accidente.
El mundo no se había acabado, pero Mónica ya no estaba allí para vivirlo.
Estaba comenzando un nuevo año: el reloj seguía contando los minutos, las horas pasaban, los niños crecían; las clases comenzaban, el trabajo seguía siendo cansado, los ancianos seguían yendo al parque a ver palomas que volaban hacia un cielo que parecía demasiado azul para ser real. El sol alumbraba con descaro. Él debía seguir adelante y ser fuerte. Soportar los días sin Mónica. Vivir  en ese mundo que no aparentaba tener un fin cercano. Conocer personas, trabajar, ir de vacaciones en verano. Sonreír, bailar, olvidar y respirar. Mientras que para Mónica el mundo había terminado.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              

29 de noviembre de 2012

Proyecto de Noviembre: Las palabras prohibidas

Con algunas prisas, pero logré participar este mes. Espero no haber utilizado ninguna palabra prohibida. Aunque mi microrrelato, es una mezcla entre el tema de los niños jugando y un encuentro amoroso, pero mucho más inocente. ¡Que lo disfruten! Los leo pronto. Besos.



Una tarde en el parque 



Peter mantenía la mirada baja. Sus manos temblaban, mientras esperaba a Lori en el parque.
Comenzaba a helar. Se acercaba noviembre y un fresco viento, le hacia saber que moriría de frío en pocos días. En su mente, repasaba el discurso que le diría a Lori, imaginaba posibles respuestas y recreaba un imaginario dialogo entre ellos.
—Estoy aquí, Pete —dijo una pequeña, con una enorme sonrisa.
—Hola. Disculpa por pedir que vinieras hasta aquí, luego de la escuela —respondió Peter, intentando que no se notara, que temblaba sin parar.
—No importa. Igual planeaba venir a pasar la tarde aquí.
—¿Así? ¿Quieres pasarla conmigo?
—¡Por supuesto! —exclamó Lori.
Los dos niños la pasaron bien toda la tarde. Aquel era un hermoso y tranquilo parque. Se columpiaron juntos, usaron el subibaja, se deslizaron por las rampas y rieron sin parar, mientras perseguían un balón.
Al final de la tarde estaban exhaustos. Tirados sobre el césped, mirando las nubes. Tenían nueve años y no sabían muchas cosas todavía, pero conocían cosas muy importantes, que los adultos olvidaban al crecer.
—Debo marcharme, se hace tarde. Nos vemos mañana, en el cole —dijo Lori sonriendo, con cansancio. Se dio la vuelta y corrió. Sus trenzas enmarañadas, fue lo ultimo que visualizo Peter.
El pequeño guardo esa tarde en su mente. Suspiró. Al final, no había podido decir nada, se divirtió tanto que lo olvido.
No regresaría a la escuela. El doctor le había hablado, sobre cosas complicadas del cuerpo humano. Su madre menciono un tratamiento, unas operaciones... ella no paró de prometer que todo saldría bien. Él no estaba muy seguro de aquello, pues había escuchado a sus padres hablar, seriamente, sobre su condición. No tenía importancia, sabía que era inevitable, lo aceptaba. Solo se arrepentía, de nunca haberle dicho a Lori, todo lo que pasaba por su mente. Era un niño y no estaba seguro sobre como expresarlo. Pero esa tarde describía a la perfección, todos sus sentimientos. Deseó permanecer así: Lori, el parque, las nubes. Sin pensar en nada más. 

26 de septiembre de 2012

Proyecto de Septiembre 2012: El mes del asco

¡Hola! hace mucho que no escribía para adictos, lo hice con un poco de prisa ya que me encuentro en semana de parciales y nunca antes había intentado este género, aunque no me quedó muy gore que se diga >.< espero que lo disfruten y por supuesto comenten :) 
Juntos por siempre 


¿Alguna vez has amado a alguien? No me refiero a un amor débil o superficial, hablo sobre un profundo e incomprensible amor, de esos que poca gente llega a experimentar en carne propia.
Yo soy una de esas pocas personas afortunadas, le conocí en primavera y desde ese momento despertó algo nuevo en mí. Te diría su nombre, pero él me pertenece por completo, nadie jamás podrá poseerlo más que yo.
Ya sabes lo que dicen, cuando eres joven haces locuras por amor, cometí unas cuantas pero todas son perfectamente justificadas.
Él me gustaba tanto, pero pronto comprendí que si le dejaba ir, él no regresaría por mi... era un tipo que jamás daba nada a cambio, no me malentiendas, lo amaba pero su personalidad solía desesperarme.
No tienes idea cuanto intentó escapar, le tenía pánico al amor verdadero, así que tuve que ayudarle un poco, hacerle comprender que éramos el uno para el otro.
Fue sencillo, le seguía a diario, conocía su horario y cada uno de sus movimientos. Solía trabajar hasta tarde, sólo tuve que conseguir un poco de ayuda física y ¡listo! era completamente mío.
Lo lleve a mi casa de campo, lo instale en el sótano y cubrí de pesadas cadenas, nunca lograría escapar de nuestro amor.
Comenzamos a jugar. Cada vez se hallaba más débil y podía abusar más fácilmente de su cuerpo... me encantaría describirte el placer que me daba cada vez que le cortaba: comenzó con una filosa navaja, causando heridas superficiales, quise profundizar, llegar hasta su interior y clavarme en su corazón.
Un día sucedió. Él estaba tan débil, con su mirada vacía, casi carente de vida. Me posicione sobre él, le di un dulce beso y clavé mi cuchillo en su brazo, comenzó a sangrar, era un hermoso carmesí. Empezó a gritar, le prometí que todo estaría bien y volví a cometer contra su brazo, quería desmembrarlo, hacerlo mío... lamí la sangre del cuchillo y saque un par de agujas de mi bolsillo, las clavé en su cuerpo; por supuesto no dejaba de gritar... era molesto de esa forma, por lo que corte su preciosa lengua. Mi pobre amor estaba tan asustado, pero yo no podía soportar más mi excitación. Continúe besando su sangrienta boca, mientras le apuñalaba, quería abrir cada herida antigua, llegar a su corazón, bañarme con su sangre, sentir sus intestinos rodeando mis brazos, saborear su pálida piel; hacerlo mi carne, mi sangre, mi todo… sacar esos hermosos y aterrorizados ojos verdes, para que sólo me vieran a mi, ser su única chica. Ese día no pude detenerme hasta haberlo saboreado por completo.
Y aquí estoy querido diario, contándote sobre mis trágicas experiencias. Al parecer el amor es un arma de doble filo, abriendo las profundas heridas de mi amor una y otra vez, llegando hasta sus entrañas... sólo termine lastimándome a mi misma, descubriendo el monstruo que soy.
Pero yo todavía le amo, no puedo hacer nada más. Una muerte roja digna de Romeo y Julieta, es lo que planeó esta noche. Abrir mis venas y entregarme a lo que una vez fue mi adorado amante.

28 de mayo de 2012

Proyecto de mayo 2012: La doble imagen

Hola, mis queridos adictos. El proyecto de este mes fue bastante esperado por todos nosotros, estaré leyendo sus trabajos lo más pronto posible n.n
Bueno, a mi me pareció muy interesante este proyecto; amé la imagen que me tocó, es realmente hermosa y espero les guste mi relato. Y también estoy ansiosa por leer el relato de mi compañera :)
¡Que lo disfruten!



El imponente cielo se alzaba sobre ellos, los rayos del sol se colaban entre las nubes mientras calentaban sus tersas pieles. Larissa sonrió, todo aquello le hacia sentir una inmensa calma; la pequeña barca comenzó a mecerse levemente, podía sentir la brisa mover sus castaños cabellos y el olor del océano le inundaba la cabeza.
–¿Te encuentras bien, querida? –Le preguntó Marco, al tiempo que colocaba sus fuertes manos en la delicada cintura de la joven.
–Por supuesto, todo este lugar es increíble, no podría ser más feliz –Larissa buscó los labios de Marco, amaba a aquel hombre. En su vida había renunciado a muchas cosas por unirse a aquel caballero de ojos grises y cabellos dorados, pero todo había valido la pena, no necesitaba nada más, no le quedaba nada más que Marco.
–Pronto oscurecerá, querida mía. Espero que la barca nos lleve pronto a aquel reino del que te hablé. Te fascinará, mi pequeña, ese será el hogar de nuestros sueños.
–No lo dudo Marco, pero realmente no quiero llegar. No quiero que anochezca, no tan pronto; las nubes parecen hechas de oro para una hermosa princesa, el sol, el mar… puedo escuchar sus voces, sus canciones y sueños, hablan de la vida, de lo hermoso que es amar.
–No tienes por qué tener miedo, veremos muchos más atardeceres juntos en un futuro. ¿Ves el horizonte? Lo navegaremos juntos hasta el alba. Las olas nos llevaran hasta nuestro destino.
–Te amo, Marco. Cuando estoy a tu lado sé que no necesito a nadie mas, todos los que injuriaban nuestra unión, aquellos que envidiaban la pasión que nos unía; jamás volveré a escuchar las palabras dolorosas de aquellos que decían que lo nuestro no seria nunca.
–Mi pequeña Larissa, este sólo es el inicio de nuestro viaje. Al igual que este infinito océano mi amor por ti no tendrá fin. –Larissa creía en cada palabra, sin dudar; la barca se dejaba llevar por el dulce viento que los rodeaba y las leves olas del mar los conducían hacia aquella tierra misteriosa de la que Marco solía hablar, todo el tiempo. 
Pero Larissa comenzó a sentirse incomoda, de repente se sintió más pequeña que de costumbre… aquel inmenso cielo comenzaba aplastarle y sintió miedo. El océano no parecía tener fin y se hallaba a su merced y de pronto escuchó al sol deseando huir, deseando no ver aquel terrible escenario.
Larissa tembló y el viento sacudió terriblemente la barca al igual que su blanco vestido.
–No temas, querida, todo está bien. –pero la voz de Marco parecía tan lejana y no podía tocarla.
"¿Por qué las cosas tienen que cambiar?" Se preguntaba con angustia la joven. Hacía sólo unos momentos su viaje era magnifico, pero las olas comenzaron a agitarse, las nubes se levantaron, imponiéndose, y la tormenta comenzó. Era tan pequeña frente al universo que se hallaba conspirando contra ella. Marco...¿Dónde estaba él? ¿Había naufragado?
–No te alejes cariño, abre los ojos. Solamente son ilusiones que quieren separarnos. –Larissa continuó temblando, las manos que le acariciaban la mejilla eran sumamente frías. No parecía Marco, pero era él y todo el hermoso paisaje continuaba en calma a su alrededor.
–Marco si algún día tu no estas conmigo, yo…
–Siempre estaremos juntos, te prometí que llegaríamos hasta mis tierras donde todos nuestros sueños se harán realidad, ¿acaso no confías en mí? –No era que la joven comenzase a dudar sobre su amor verdadero. A ella le encantaría estar a su lado hasta el fin de los tiempos, pero era tan sólo que Marco no podía verlo, no podía ver la luz de sus propios ojos comenzando a extinguirse como una estrella agonizante.
Lo que el viajero Marco podía ver más allá del horizonte era un alba preciosa cubriendo con sus dorados rayos aquellas hermosas tierras que tanto había perseguido desde que era tan sólo un niño; pero lo que Larissa veía era un terrible vendaval que se tragaba todo a su paso, no quiso alertar a su amor, no quería ocasionarle preocupaciones. Después de todo él no tenía miedo, él no era un pequeño cobarde como ella.
Se mordió el labio inferior e imploro a los cielos que pudieran sobrevivir a la tormenta. Jamás dejaría a Marco, aún si eso significase la muerte… fue tan inocente pensar eso. Fue en un abrir y cerrar de ojos, el cielo parecía caer sobre ellos, sus manos jamás fueron capaces de alcanzarlo, eran demasiado pequeñas… ese día el sol se oculto detrás de millares de nubes y Larissa le escuchó sollozar mientras se abrazaba con fuerza de Marco.
Marco le susurró algo pero todo se desvaneció.
Larissa se despertó bañada en sudor, su corazón no dejaba de latir con fuerza y apenas podía respirar, comenzó a llorar entre las sabanas. Sólo había sido un sueño, después de todo Marco había muerto hacia cinco años; hacia tanto que no soñaba con él… pero que locura más grande, en su sueño se habían casado y escapado muy lejos.
–A cualquier otra parte, ¿verdad Marco? –dijo la muchacha mientras tomaba entre sus manos un viejo retrato del que fue alguna vez su prometido–. Tuve un sueño extraño, estábamos dentro de la hermosa fotografía con la que solías fantasear todo el tiempo, ya sabes con las historias de princesas, dragones y tierras lejanas. Por un momento fue divertido pero luego… ya sabes como es la vida incluso en los sueños pasa mucho más rápida… por Dios, realmente estoy mal, mírame aquí hablando con una fotografía tuya, ni siquiera puedes oírme.
Era el precio a pagar por alcanzar las tierras desconocidas, donde el mar se mezclaba con el sol, aquellas tierras donde habitaba la eternidad. Era el castigo que ella y Marco se merecían por creerse superiores y jugar a ser los reyes del mundo.
Larissa colocó la fotografía boca abajo y decidió volver a dormir, quien sabe tal vez podría verlo por última vez y despedirse. Después de todo ya no le quedaba nada, más que aquel sueño que nunca se haría realidad. 


13 de abril de 2012

Proyecto de abril 2012: El Titanic


Hola!!! ¿Que tal adictos? Por un momento pensé que no participaría pero logre inspirarme un poco y nació esto :) espero que los disfruten y dejen sus opiniones al respecto. Mil besos.

Mi vida bajo el agua

¿Cuánto tiempo llevaba en aquel horrible y solitario lugar? No tenia idea, pero desde hace tanto que el reloj había dejado de marcar la hora y había terminado pudriéndose por completo. Todo su alrededor no era más que madera pudriéndose; se encontraba en una habitación, que parecía haber sido de lujo hace ya tanto tiempo, ahora no era más que deterioro y muerte… podía sentir el olor a muerte inundarle la nariz.

La puerta de la habitación se hallaba a medio abrir pero le aterraba la idea de salir, solamente podía distinguir más oscuridad afuera de ella. No sabia como había llegado ahí, era como si todo en su cabeza hubiera desaparecido. Siempre esperaba que llegasen a salvarlo, pero parecía estar demasiado perdido como para ser encontrado.

Peter suspiró, sólo podía dejarse llevar por la oscuridad, era como estar en el fondo de un océano, simplemente flotando en lo más profundo, pero aún si parecía encontrarse bajo el agua, no la sentía. Peter hace mucho que no respiraba, todas sus necesidades básicas de humano habían desaparecido, no se sentía ni un poco empapado de toda aquella agua… no tenia ni la menor idea de que le ocurría.

—Tranquilo, no es nada grave —dijo una suave voz que desconcertó a Peter. Todo el tiempo que llevaba perdido en aquel lugar jamás había escuchado ni visto a nadie más.

Peter quiso buscar al dueño de aquella misteriosa voz, podría ser su única salvación. Salió de la habitación y se halló en un gigantesco y oscuro pasillo que olía a muerte.

—Por aquí —dijo la extraña voz de nuevo. Peter la siguió por todo el pasillo y la voz le condujo a algo sorprendente.

Se hallaba en la proa de un gigantesco barco, pero las cosas no eran tan simples; el barco se encontraba completamente hundido en lo más profundo del océano y parecía haberse partido en dos secciones. Peter observó la proa completamente hundida en el fango, miles de algas le cubrían. Parecía llevar mucho tiempo ahí.

—Cien años exactamente —respondió la misteriosa voz leyéndole la mente. Esta vez Peter logro ver quien era la extraña persona que le hablaba, una mujer de ojos grises.

—¿Quién eres tu? ¿Sabes que me ocurre? ¿Qué es todo esto? —Peter quería echarse a llorar pero algo le detenía, era un recuerdo: su padre diciéndole que los chicos no debían llorar y menos a su edad. Su edad… por supuesto, él tenía dieciséis años.

—Cálmate, es normal que tengas muchas dudas ahora. Intenta hacer memoria, ¿Qué hacías antes de hallarte bajo el agua?

—¿Todo esto es real? Es imposible, debe ser una pesadilla. No se puede vivir bajo el agua.

—Ese es el punto. —La mujer de ojos grises sonrió macabramente. Peter se mordió con fuerza su labio inferior, no quería entender lo que esa extraña mujer decía.

—Debo de regresar a mi habitación, es peligroso estar aquí.

—¿Quieres respuestas? Yo puedo dártelas todas, pero si tu no quieres entender no servirá de nada.

El chico cerró los ojos y decidió intentar recordar. Su reflejo era imperceptible en aquella oscuridad, por lo que hace tanto había olvidado, incluso, como él lucia. Sus cabellos eran negros ¿cierto? Y sus ojos eran… ¿de que color eran sus ojos? Por supuesto, azules. Era bastante bajo para su edad y su madre siempre decía que crecería cuando fuera mayor; su piel era tan blanca como la de ella y tenia su sonrisa. cuatro de marzo de 1896… Por supuesto, su cumpleaños era el cuatro de marzo y cuando cumplió dieciséis años Mary Alice le había dado su primer beso. Pero había otra fecha importante en su mente… ¿1912?

—No te esfuerces tanto mi pequeño —dijo la mujer de ojos grises con una pequeña y curiosa risilla—. Al menos ya recuerdas quien eres, ¿cierto?

—Mi nombre es Peter Cleaver y mis padres eran Alice y Thomas Cleaver. Vivíamos en Londres y mi padre tenía mucho dinero y... por supuesto ahora lo recuerdo.

—¿Ah, si? ¿Qué recuerdas mi pequeño?

—íbamos a viajar, nuestro destino era Montreal, Canadá; aunque la mayoría de pasajeros se dirigía a Nueva York, en los Estados Unidos.

—¿Y que tal fue el viaje?

—Muy bien, el lugar era hermoso e increíble. La pase bastante bien, hice amigos e incluso bailé una noche con mamá. Era un lugar divertido.

—¿No recuerdas algo más?

—¿A que te refieres?

—El viaje era en un hermoso y espectacular barco, ¿verdad?

—Si, le llamaban el Titanic, era inmenso. Todos decían que ese transatlántico era insumergible, tenia tantos deseos de verlo con mis propios ojos.

—¿Llegaste a tu destino? ¿Recuerdas algo luego de aquel viaje?

—Ahora que lo dices no… apenas puedo recordar. Es tan extraño, de repente aparecí aquí… en el fondo del océano en los restos de este barco —. La mujer de ojos grises volvió a sonreír, esa no era una buena señal.

—Hace tanto que te buscaba Peter, pero ya sabes este barco es gigantesco. Fue todo un trabajo para mí, rescatar a todos los que se quedaron atrapados en estas profundidades. Hay muchos más igual que tu, pero es normal que nunca los hallas visto, la mayoría sólo son conscientes de su propia existencia.

—No puede ser verdad. ¿Dónde están mis padres? Debo salir de aquí.

—No estoy segura de cual fue la suerte de tus padres… de cualquier manera, todo aquello aconteció hace cien años, ¿no me crees? Mi pequeño, el tiempo pasa volando cuando estas muerto.

—¡No es verdad! ¡Aléjate de mí! No dejare que me lastimes. —Peter corrió incansablemente por todos los restos de aquel inmenso trasatlántico, que alguna vez había sido llamado “insumergible”.

—Siempre es así de complicado con los mocosos y sus muertes repentinas —dijo suspirando la mujer de ojos grises. Le esperaba un duro trabajo con aquella alma escurridiza pero estaba segura que con sólo cargarla unos segundos entre sus brazos se tranquilizaría. Siempre era así, siempre comenzaban negándose ante ella para luego encontrar infinita paz entre sus tibios brazos.